Ficha técnica
Título: Alguien tiene que morir
Guión: Manolo Caro, Fernando Pérez, Monika Revilla
Dirección: Manolo Caro
Año: 2020
País: Coproducción México-España
Temporadas: 1
Reparto: Cecilia Suárez, Ernesto Alterio, Carmen Maura, Ester Expósito, Alejandro Speitzer, Carlos Cuevas, Isaac Hernández, Pilar Castro, Mariola Fuentes, Eduardo Casanova, Manuel Morón, Juan Carlos Vellido, Javier Pereira, Iván Sánchez, Eloi Costa, Bruno Sevilla, Asier Flores, Lupe Cartie Roda, Marcos Mateo Ochoa, Christian Caner
Productora: Noc Noc Cinema, Netflix
Fotografía: Ángel Amorós
Música: Lucas Vidal
Género: Drama, culebrón
“…Listo…Pull…”
Alguien tiene que morir es la nueva producción de Manolo Caro para Netflix tras el éxito de La casa de las flores.
Mina (Cecilia Suárez) y Gregorio Falcón (Ernesto Alterio) son una matrimonio de clase alta en la España de los años 50. Ella es inmigrante mexicana y ambos tienen un hijo, Gabino (Alejandro Speitzer), que se ha criado en México los últimos diez años con la familia materna. Ahora su padre espera la llegada de Gabino a España con el propósito de que se quede en Madrid y se case, pero Gabino llega con un amigo y unos planes muy diferentes.
Esta serie tiene dos características claves a nivel narrativo. En primer lugar, la serie nos muestra una maqueta a escala de la sociedad española de la posguerra, representada en cada uno de los miembros de las familias protagonistas. Esta sociedad se presenta como un duelo a muerte entre opresores y oprimidos, un duelo con trampas y falta de igualdad de condiciones.
Alguien tiene que morir es el perfecto ejemplo de como usar la caricatura, entendida como una mera exageración y no como una representación cómica, a veces es el mejor camino para plantear de manera rápida y efectiva unos personajes con una trayectoria bastante compleja. A través de estos personajes y la exaltación extrema de los rasgos más característicos de cada uno de ellos se plantea una exhibición donde vemos, por una parte, la situación social de la clase más privilegiada temerosa de la idea de progreso en un país caracterizado por la represión y, por otra parte, el lugar que ocupan en esa sociedad las personas cuya ideología no encaja en la amoralidad social establecida y que luchan por seguir volando a pesar de tener las alas cortadas. Una dura batalla representada de manera sublime a través de la metáfora creada con el tiro al pichón que practican los protagonistas. Esta práctica sirve a nivel narrativo para expresar a la perfección en qué punto de la lucha se encuentran los protagonistas en cada momento de la trama, cuál es su lugar en esa sociedad y, además, a nivel visual nos ofrece más de un momento de gran significado en la serie.
Y sustentado en este contexto, Manolo Caro nos ofrece un análisis sobre la homosexualidad y la homofobia dentro de una sociedad conservadora y arraigada en la falsa moralidad del período de posguerra. En La casa de las flores ya ofreció una subtrama basada en la temática homosexual con los personajes de Julián de la Mora y Diego Olvera. Esta subtrama supuso un elemento novedoso no solo en términos de guión y diseño de personajes, sino por la inclusión de esta temática en un género que tradicionalmente no incluía personajes LGTBI. Pero en Alguien tiene que morir va más allá convirtiendo el tema de la homosexualidad y la homofobia en la trama principal y en el elemento que define la trayectoria de sus personajes.
En segundo lugar, Alguien tiene que morir tiene tintes de culebrón. Aunque de manera diferente a cómo ocurría en La casa de las flores, aquí también vemos una reformulación de los elementos clave del culebrón dando lugar a una versión del género con una mayor calidad narrativa y estética, así como del trabajo de interpretación de los actores, aunque conservando la esencia narrativa del clásico. Pero en este guión de culebrón cada uno de los personajes, cada una de las tramas y cada uno de los puntos de giro ponen de manifiesto un trasfondo mucho más complejo que un simple enredo en las tramas o la eclosión súbita de las relaciones amorosas de los personajes en una especie de orgía segmentada. En Alguien tiene que morir el enredo en las tramas sirve para agudizar la crítica a la sociedad representada en esta sátira, y las relaciones amorosas, tal y como podemos observar en el final de la serie, se usan para la supervivencia de los personajes, de manera diferente en cada caso. Quizás la relación más compleja e impactante por la determinación que toma Mina al final de la serie sea la que esta mantiene con Lázaro, y la cual usa y sacrifica en un último intento desesperado de salvar a su hijo.
En cuanto al resto de elementos técnicos no hay mucho que decir. Una realización discreta con algunos planos muy acertados en concordancia con el guión, un montaje sencillo, una escenografía bastante acertada… En general poca complejidad, pero elementos que en su sencillez funcionan muy bien como conjunto. Quizás los planos de surrealismo narrativo y visual que aparecen en los puntos álgidos de las subtramas sean los que ponen la nota discordante en el discurso, aunque se usan de manera oportuna. En relación con este fenómeno narrativo que plantea la serie cabe destacar el exceso de dramatización presente en los puntos de giro del guión, que en ocasiones roza el límite con la comedia y que está directamente relacionado con el vínculo establecido entre la serie y el género del culebrón que mencionaba anteriormente. Esto, que está presente en el guión, se enfatiza en la realización a través de esos planos de surrealismo narrativo y de algunos de los planos cortos frontales de los protagonistas en los momentos más relevantes de la trama acompañados por una banda sonora muy expresiva y una interpretación bastante elocuente por parte del elenco.
“…¿Sabes qué es lo peor de mentir todos los días?...que llega un momento en el que te vuelves loco, y no sabes si lo que deseas es la verdad o es la locura…”
Alguien tiene que morir relata una parte de la historia muy compleja que queda resuelta eficazmente en solo tres capítulos. Con pocas pinceladas a los matices de la vida en sociedad de la época consigue retratar, desde una perspectiva diferente a la que estamos acostumbrados a ver en el terreno de la ficción de drama histórico, la dureza de temas como la represión, la persecución de determinados colectivos en la posguerra, y el calado de la dictadura en las mentes de los individuos de todos los estratos sociales. Aunque algunas de las tramas por separado concluyen de manera algo descafeinada, el final de la serie en general es digno. Una miniserie muy recomendable en la que, además, los fans de La casa de las flores podemos volver a disfrutar de una majestuosa Cecilia Suárez en un registro completamente diferente que logra ejecutar a la perfección.




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