viernes, 12 de junio de 2020

WHEN THE STREETLIGHTS GO ON

Ficha técnica

Título: When the streetlights go on
Guión: Chris Hutton, Eddie O´Keefe
Dirección: Rebecca Thomas
Año: 2020
País: Estados Unidos
Temporadas: 1
Reparto: Kristine Froseth, Sophie Thatcher, Mark Duplass, Ivy Matheson, Queen Latifah, Sam Strike, Chosen Jacobs, Ben Ahlers
Productora: Paramount Television, Quibi, Anonymous Content
Fotografía: Aaron Morton
Género: Drama


When the streetlights go on comienza con el asesinato de Chrissy (Kristine Froseth) y su profesor, el señor Carpenter (Mark Duplass), con el que mantiene una relación. Y ahí termina. 

La novedad de esta serie es la de ser uno de los contenidos disponibles en la plataforma Quibi, pero a nivel audiovisual y narrativo nada tiene que aportar. Quizás sea más interesante hablar sobre la plataforma que sobre la serie. Quibi es una plataforma de pago cuya novedad es la de ofrecer contenido audiovisual y cinematográfico diseñado para móviles. Fue fundada en 2018 por Jeffrey Katzenberg, fundador también de  la conocida Dreamworks. Todos sus contenidos tienen una duración que ronda los 10 minutos, y están planteados para ser consumidos en los breves períodos de tiempo que nos deja el ritmo desenfrenado que rige nuestra vida. En una sociedad en la que cada vez es más complicado disponer de un tiempo prolongado para sentarnos delante de la televisión, y donde las nuevas generaciones cada vez son menos capaces de concentrarse durante más de media hora en el visionado de una serie o una película, Quibi nace como un nuevo modelo de negocio adaptado a los nuevos tiempos. Además, cada vez es más evidente que el móvil ha relegado a un segundo lugar a otros dispositivos como la televisión o el ordenador.  

Con este planteamiento, parece que estamos ante el futuro de la distribución de la industria audiovisual. Pero con When the streetlights go on quedan al descubiertos algunos flecos sueltos en el planteamiento. Los primeros diez minutos de la serie, correspondientes al primer capítulo, plantean unas expectativas que no se cumplen en los siguientes nueve episodios. La serie comienza con una crónica contada por Charlie (Chosen Jacobs ) veinte años después de los crímenes, un relato envuelto en un halo de nostalgia  y con una descripción bastante elocuente y evocadora sobre el verano en el que tienen lugar los hechos, que hace creer al espectador que está ante el comienzo de un emocionante thriller que amenizará a través de su teléfono móvil sus breves trayectos de autobús. Pero solo es necesario el visionado de los siguientes diez minutos para que la promesa del emocionante thriller torne en un guión que roza lo amateur y que da lugar a una serie bastante insulsa y carente de contenido. Durante todo el transcurso de la serie no pasa absolutamente nada, y tampoco se esclarece lo que se plantea en el primer capítulo, como la relación de Chrissy con su profesor o el motivo del asesinato. La serie se centra en la hermana de Chrissy, Becky (Sophie Thatcher) que comienza una relación con el chico malo del instituto, Casper (Sam Strike), y el único sospechoso de la muerte de su hermana. Una relación que se basa en trayectos en moto del instituto a casa, y que está rodeada de una serie de personajes que hacen más de figurantes y que no tienen ningún peso en el guión. Llegamos al último capítulo, y con una escasa alusión durante toda la serie a la trama que se suponía era la premisa de la misma, nos encontramos con un Charlie adulto que vuelve al pueblo veinte años después de los crímenes, y nos cuenta que Becky fue asesinada meses después por el mismo asesino de su hermana, que es nada más y nada menos que el vecino que vivía en la casa colindante con la de las hermanas y del cual no hemos tenido constancia hasta este momento, ni un solo plano, ni una sola mención. Se podría ver el capítulo uno de la serie, y a continuación el capítulo diez, y no se habría perdido nada importante de la trama. Quedaría una historia cerrada de veinte minutos de duración. 

Desde luego el planteamiento de negocio de Quibi es bastante llamativo y plantea una solución muy acertada para el nuevo modelo de espectador al que se enfrenta la industria audiovisual. La pena es que parece que de momento no está en sintonía con unas buenas producciones audiovisuales. Por el momento, si solo dispones de diez minutos para disfrutar de contenido online, hay una serie de cortometrajes o videoclips mucho más interesantes que When the streetlights go on.

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